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El orden de la casta: Los jubilados desafían a la élite del poder

por Revista Cítrica
Fotos: Rodrigo Ruiz
28 de agosto de 2025

Otro miércoles de lucha en las inmediaciones del Congreso. Lxs jubiladxs marcharon con el acompañamiento de organizaciones sociales y el colectivo de personas con discapacidad. Las calles como de costumbre, estaban totalmente militarizadas bajo el protocolo de Patricia Bullrich que, esta vez, no pudo impedir que la manifestación llegue a Plaza de Mayo.

"Vamos a terminar con la casta", la promesa de campaña de Javier Milei que resonó con fuerza en 2023, ha sido puesta en entredicho por un escenario político que parece contradecir sus propias palabras. La denuncia de corrupción contra Karina Milei, secretaria general de la Presidencia y hermana del mandatario, en un caso que afecta a personas con discapacidad, ha expuesto una contradicción flagrante. 

Mientras el gobierno señala con el dedo a la "vieja política", su propio círculo íntimo se ve envuelto en escándalos que perjudican a los sectores más vulnerables. ¿Qué tiene que ver esto con los jubilados que marchan cada miércoles? Todo. La narrativa oficial ha intentado culpar a diferentes grupos de los males del país, pero la verdadera casta, aquella del poder y la corrupción, parece intocable.

La misma “casta” que, según el discurso oficial, habría de ser erradicada, se muestra inalterable en su accionar. ¿Acaso las personas con discapacidad, o los jubilados que reclaman por una retribución que les permita vivir dignamente, son la casta a la que se refería el presidente? La respuesta, en las calles, es un rotundo "no".

El verso de la casta se ha agotado. La gente ya no se lo cree. Cada miércoles, los jubilados y jubiladas se manifiestan en las calles, no por un capricho político, sino por una necesidad existencial. Exigen una retribución que les permita llegar a fin de mes, una demanda básica y justa.

A ellos se les suma la solidaridad de otros sectores que se identifican con su lucha. El gobierno, sin embargo, ha respondido con represión. La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, ha enviado a las fuerzas de seguridad a disuadirlos, pero la resistencia de los jubilados no se doblega.

La ira popular es palpable. Las calles, una vez más, se han convertido en el escenario de la protesta. Mientras la zona del Congreso estallaba con manifestaciones, el presidente, junto a sus colaboradores, tuvo que huir de un acto de campaña en Lomas de Zamora ante la indignación de la gente. El contraste es brutal: por un lado, un gobierno que se autoproclama como la única alternativa al "mal de la casta", por el otro, un pueblo que lo persigue para reclamarle por su propia supervivencia.

La lucha de los jubilados es un símbolo de resistencia contra un sistema que los ha dejado de lado. En cada marcha, en cada grito, en cada cartel, hay una exigencia de dignidad que va más allá de un simple reclamo económico. Es un grito de protesta contra la impunidad de los poderosos y un recordatorio de que la verdadera casta no ha sido tocada, y sigue tan corrupta como siempre.