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Tierra del Fuego, tierra que hace arder nuestra tierra

por Pablo Bruetman
20 de marzo de 2020

Es la provincia con más subsidios a los combustibles fósiles del país y la más endeudada pero el 29% de la población no tiene acceso garantizado a la energía. El daño ambiental es aún más preocupante: casi no se puede pescar ni recolectar frutos en el bosque y está comenzando a faltar el agua.

Ushuaia, capital de Tierra del Fuego. Faro del fin de mundo. Océano. Donde se juntan bosque y océano. Glaciares. Mejillones, centolla, trucha fueguina. Pescados que son las delicias de cada visitante turístico. Restaurantes con precios en euros, excursiones a pingüineras, la cárcel del Fin del Mundo, el Tren del Fin del Mundo. Una sola (y pequeña) pescadería. ¿Dónde pueden consumir pescado para cocinar en sus casas quienes habitan esta hermosa isla? Es todo un misterio: en Tierra del Fuego se produce comida pero el 99% de la producción de alimentos es foránea. Bienvenides a Tierra del Fuego. Al fin del mundo. Al fin del mundo que el sistema alimentario y energético está a punto de provocar.

Son los países y las Islas más cercanas a la Antártida y al Polo Norte las que más exigen que se cumpla con el Acuerdo de París: son quienes necesitan que las emisiones (fundamentalmente) de dióxido de carbono provocadas por la quema de combustibles fósiles y la deforestación se reduzcan a cero para que la temperatura de la tierra deje de aumentar, que baje el nivel de los océanos y no corran más riesgo de desaparecer como ya les pasó a cinco islas del archipiélago de Salomón, en el Océano Pacífico.

Tierra del Fuego debiera estar preocupada por evitar el cambio climático para no correr riesgo de desaparecer y que tanto los animales como la vegetación tengan un clima que les permita sobrevivir. Sin embargo la isla no hace más que contribuir a la crisis climática: es la provincia de toda Argentina que más subsidios otorga a las empresas de gas y petróleo que queman combustibles fósiles y es dependiente del petróleo para transportar los alimentos que sus habitantes consumen. ¿Podría ser de otra manera? Claro que sí, pero para eso es necesario que se deje de contar “el cuento del traslado”. 

En la Isla suelen explicar que el clima es frío, poco ameno y no se puede producir allí alimentos. Que entonces necesitan del continente. Lo que no se explica es cómo se vivió allí miles de años antes sin conexión con el continente. Lo que no se explica es por qué con los avances tecnológicos no se fomenta la producción local en viveros. Sabemos por qué no se explica: porque va en contra del millonario negocio de distribuidores y supermercados. Dos supermercados hay en la provincia: La Anónima y Carrefour, y sus precios son mucho más elevados que en cualquier otra parte del país debido a que le trasladan al consumidor o consumidora el traslado del producto.

El gran problema de Tierra del Fuego es el traslado de los alimentos. Una necesidad creada para que Carrefour y La Anónima puedan subir los precios

“Tenemos un poco de horticultura pero no son alimentos de consumo masivo, no hay ganadería, todo viene de afuera y eso genera la excesiva dependencia con el continente que es a su vez lo que genera una alta huella ecológica: el traslado de más de 3000 km que realizan los alimentos, que además deben pasar por Chile porque no hay acceso terrestre a la Isla desde la Argentina”, explica Nancy Fernández, presidenta de MANE´KENK, asociación que surgió en 2005 cuando un grupo de docentes y profesionales interesados en la Educación Ambiental de la Provincia de Tierra del Fuego conformó una Asociación Civil sin fines de lucro. 

“El traslado de los alimentos es el gran problema”, dice Nancy sin dudar y comenta lo que le sucede a los fueguinos cada vez que van a la verdulería, que generalmente es el día martes, el día que llegan los camiones: “Vos vas a la verdulería los martes y querés comprar mandarinas y te dicen que los organismos de control le encontraron un bichito cuando pasaba de una provincia a otra. El camión en llegar hasta Tierra del Fuego tarda un mínimo de cinco días, entonces las frutas las tienen que sacar verdes y congelarlas durante el camino. Como consecuencia recibimos alimentos que no son ricos ni apetecibles y los supermercados como La Anónima y Carrefour manipulan los precios. ¿Esto tiene solución? Un modelo que no implique tirar ni arruinar la comida, una propuesta agroecológica: acompañar los ritmos de las estaciones del año, reconocer que debemos adecuar nuestra alimentación al clima y no destrozar al clima para producir alimentos”. ¿Es un modelo imposible alimentarse? “En otoño comemos Ter (hongos de lengas y ñire), pootan y eusan, que son hongos de otros árboles. En primavera el principal alimento es gell kollie, que son huevos de gaviota. En enero otro tipo de hongos: el alpenten. Recién a fines de enero y hasta la entrada del otoño florecen el calafate y la zarzaparrilla, frutos a los que en nuestra lengua llamamos kor y soter respectivamente. Y después durante todo el año comemos yowen yeperr, apen y cache. ¿Qué son? Los animales: Guanaco, coruro y pájaros. En realidad todo el año menos entre noviembre y diciembre porque era la época en que parían. Como pueblo originario conservamos la alimentación según las estaciones del año”, cuenta a Cítrica Margarita Maldonado, referente de la comunidad Selk'nam.

No siempre Tierra del Fuego necesitó del continente para subsistir. Así fue hasta que el 25 de noviembre de 1886 cuando el capitán argentino Ramón Lista desembarcó en Río Grande e inició el genocidio a la comunidad Selk'nam. “Acá había un pueblo que vivía ancestralmente, tenía su vida, su historia, su religión, su alimentación, tenía todo, era un pueblo viviente, no tenía título de propiedad, eran gente de palabra, se respetaba todo sin cercos ni alambrados, se vivía totalmente en libertad. Nos envenenaron con grandes comilonas, nos trajeron el halcón, violaron a nuestras niñas y explotaron a los hombres por un pedazo de pan. Fue una matanza planificada por colonos británicos, argentinos y chilenos”, explica Margarita, quien trabaja en la recuperación de la cultura Selk'nam y publicó el libro Entre dos mundos sobre el pasado y el presente de la comunidad.

Antes se pescaba robalo o pejerrey o se recolectaban moluscos. Hoy podés comprar merluza o surubí en el supermercado. No se pueden consumir los pescados de la zona

“La última Selk´nam -que murió viviendo en su hábitat natural-,  fue nuestra JoOn (chamán) Kiepja Lola, junto a mi tío el indio Yak, hermano de mi bisabuela Alkan. Pero hay Selk'nam que seguimos, no nos han exterminado”, remarca Margarita, que junto a su familia vive entre dos mundos: el occidental y el que el occidental le deja mantener del originario. “Como pueblo originario siempre recolectamos mejillones, ostras, cholgas. Pero ahora a los 64 años quieren que deje de consumir mariscos. Cuando nos acercamos a la costa, hay carteles que dicen marea roja. Cuando hay marea roja no se puede pescar porque significa que a los mariscos les agarra una toxina. Sin embargo, para nosotros que conocemos nuestro hábitat sabemos que la marea roja no es constante: sabemos que no nos dejan pescar porque vienen barcos japoneses del otro lado. Ellos tienen el aval para recolectar, nosotros no. Con mi hermana hacemos escabeche de mariscos y si hay marea roja no podemos hacer la conserva porque tenemos que llevar a bromatología y nos la rebotan. Eso nos perjudica”.

“El tema de la pesca es poco difundido- agrega Nancy Fernández- desde nuestra ONG no nos hemos involucrado tanto con el tema pero sabemos que hay permisos de buques de pesca de factoría que no le hacen llegar pescado fresco a la población: producen enlatados. Hay algo de pesca artesanal de mejillones, moluscos, centollas pero generalmente es para consumo propio y restaurantes. Muy poco para la población. La gente más vieja de la isla plantea que era normal ir a pescar robalo o pejerrey o recolectar moluscos. Hoy podés comprar merluza o surubí en el supermercado, pescados que no son del mar que rodea a la Isla. La centolla, un alimento tradicional de la zona, la tenés que comprar en un restaurante”.  

“Antiguamente los viejos pobladores tenían su huerta familiar y recolectaban alimentos en el bosque. Ahora no hay mucho que recolectar”, cuenta Nancy. Margarita, quien vive entre dos mundos, sigue recolectando aunque le cuesta mucho. “A mi me preguntan mucho por qué vamos a buscar frutas silvestres y pasamos tantas horas en el bosque. La verdad es que lo hago con mucho gusto y me ayuda: es alimento que no tengo que comprar. Tengo un sueldo de 32 mil pesos en una región donde todo es mucho más caro. Así que buscamos horas y horas los hongos. Es trabajo. Ayuda a tu bolsillo”.

“No es que no compremos nada en el supermercado. No vivimos ancestralmente, todo lo que pudimos recuperar lo seguimos poniendo en práctica pero comemos verdura y fruta que llega congelada, envasada y enlatada”, lamenta Margarita. Igualmente algunas cosas siguen cultivando: “Tenemos apio silvestre, la achicoria que comemos desde siempre. También hemos incorporado a la siembra y al consumo otras verduras de hoja verde como la acelga y la lechuga aunque no sean parte de nuestra cultura y nuestra tradición. Sembramos perejil, ajo, orégano...a la olla se lleva todo lo que tenemos”.

¿Hay intenciones gubernamentales de conseguir una alimentación un poco más sana, un poco más justa pero sobre todas las cosas soberana con producción local? “Muy poco. Hay un trabajo del Inta del Tierra del Fuego que motoriza las huertas, hay viveros sobre todo en el norte de Río Grande que reciben apoyo de los municipios para producir verduras agroecológicas de consumo interno. Hay productores de frutos rojos que reciben ayuda de algunas organizaciones y también una asociación de nutricionistas que trabaja con productores de pollos y huevos. Pero no hay política pública a nivel provincial, son solo gestiones en cada lugar”, resume Nancy Fernández de MANE´KENK.

En 2006, en el marco del tercer encuentro nacional del Plan Estratégico Territorial - Argentina 2016, Tierra del Fuego presentó el modelo territorial de la provincia: la región sur abocada al turismo, la del centro abocada a la producción florestal y el norte a la industrial. Los alimentos a producirse al aire libre o bajo invernadero en zonas norte y centro. Actualmente toda la producción es bajo invernadero.

“¿Cuál es el modelo que queremos para la región austral, extractivismo de recursos naturales, bosques, peces, hidrocarburos, turba, minerales, o desarrollarse como región y dependencia del continente?”, se preguntan desde MANE´KENK. “Simplemente debemos acompañar los ritmos de las estaciones del año, debemos adecuar nuestra alimentación a las estaciones del año.No son necesarias grandes infraestructuras”.  

Con las petroleras se habla mucho de avances. ¿Avances en qué? ¿En la destrucción de nuestro mundo?

Nancy propone recuperar las formas de producción de alimentos locales y ancestrales ayudadas por nuevas tecnologías pero el modelo elegido hace ya muchos años por la provincia es claro: es el que hace arder el planeta, el de los hidrocarburos. 

Total Austral y Winthershall recibieron entre 2016 y 2018 recibieron 500 millones de dólares en subsidios del estado. Son las dos empresas productoras de gas más importantes de la provincia junto a YPF, que recibió casi 2 mil millones. Como consecuencia Tierra del Fuego es la provincia del país que más subsidios otorgó a la explotación de hidrocarburos y a la vez es la más endeudada, según un estudio del geógrafo Marcelo Giraud. Su deuda a marzo de 2019 era de 83898 de pesos por habitante. Todo un saqueo.

“Aquí en Río Grande están las petroleras, aquí se ve a los caballitos ordeñando la tierra, son muchas las empresas petroleras que hay y hacen mucho daño”, cuenta Margarita lo que ve todos los días en la tierra de sus ancestros. “Como pueblos originarios, en Río Grande teníamos las plantas de calafate, la murtilla, la manzanita pequeñita y las recolectábamos, inclusive aquí en la misma ciudad. Ahora no hay más murtilla. Primero vino el cemento, después casas. Eso ya causó daño. Pero ahora con las petroleras es mucho más terrible. Se habla mucho de avances. ¿Avances en qué? ¿En la destrucción de nuestro mundo? Se daña el agua, hay bolsas de nylon, no se puede tomar agua del río, las mismas fábricas tiran contaminación a los ríos. Y las ganancias para los pobladores por petróleo son muy pocas, no se sabe adonde va la plata. 

“Cuando la petrolera se instala en Tierra del Fuego da muy poco trabajo a la población local”, explica Moisés Solorza, ex secretario gremial de petroleros y flamante Secretario de Energía de la provincia. “Para la explotación en el yacimiento, trajeron gente de todos lados: mano de obra barata por ejemplo de Malasia y mano de obra calificada. Entonces la gente local no ve beneficios. Ni sociales ni empresariales”. Vega Pléyade, la plataforma que Winthershall construyó en el Mar Argentino y costó más de 1000 millones de dólares no le está dando trabajo a los fueguinos.

“Como pueblo originario sentimos que la tierra fue avasallada en todos los sentidos, los estancieros permitieron a los petroleros que entren a explotar las tierras"

Por el contrario las petroleras les traen problemas económicos y políticos a la provincia. Total Austral prestó en adelanto de regalías millones de dólares a una provincia endeudada. Una provincia endeudada justamente para subsidiar a las petroleras. Ahora entonces con esas regalías condicionan a la provincia. “En estos momentos tenemos un 29% de pobreza energética en la provincia, el 29% de sus habitantes tienen un acceso a la energía que no les alcanza. Y la provincia es la segunda mayor productora de gas del país. Es increíble”, especifica Solorza. Y agrega que hoy por hoy las energías renovables, para él no son una posibilidad: “Después del colapso macrista, la realidad es que para las energías renovables necesitamos de la inversión de un privado y eso va a aumentar la brecha social. La energía eólica sería justa si fuera a precios razonables pero los contratos son en dólares. Entonces podríamos tener un hermoso parque eólico en dólares y garantizado por el privado. Tenemos mucho viento y podríamos tenerlo pero en las condiciones actuales encarecía exponencialmente el valor. Y en una provincia donde no se pueden pagar los salarios,sería inaplicable. Desde la Secretaría por el contrario planteamos un acceso a la energía como un derecho humano”.

“Recibimos una secretaría vaciada”, agrega Solorza. “Con mucha falta de controles por parte del Estado y sin sensibilidad ambiental. Hubo un Estado ausente, que dejó libre albedrío a las petroleras, para sus objetivos y no para la política energética del país. Hemos vistos que se les han condonado multas a las petroleras para que puedan presentarse a nuevas licitaciones. No se custodió lo medio ambiental: ni el agua de las petroleras, los pozos sumideros para eyectar el petróleo.No hay medidores, no hay laboratorio que determine la contaminación de acuíferos”

Los pocos estudios de petróleo realizados en aguas marítimas como el Canal del Beagle no indican gran presencia ni mucho calentamiento. Eso podría hacer creer que la crisis climática no se avecina tanto como se pronostica. Pero no es así: “Las concentraciones de hidrocarburos en la costa dio muy baja, pero es porque la amplitud de marea aquí es es muy grande y eso hace que la dispersión de hidrocarburos sea de manera muy dinámica, muy distinta a en una bahía”, explica José Luis Esteves, investigador del CONICET e integrante de la Fundación Patagonia Natural.

“Donde sí se ve el derrame del petróleo es en el Estrecho de Magallanes. El Capitan del transbordador que hace el estrecho me ha contado que hay derrame hay todos los días. Putea mucho a los operadores de las plataformas. Son 60 plataformas y ahí 45 en funcionamiento. Los derrames son habituales pero no pudimos trabajar ahí por falta de acuerdo con Chile, que es de donde vienen la mayoría de los derrames. Los impactos se dan más en la zona norte donde quienes trabajan con cría de ovejas sufren el empetrolamiento”, agrega Esteves.

Sin embargo una cuestión son los derrames que son evitables con buenos organismos de control y seguridad y otra es el calentamiento global que genera la extracción de gas y petróleo en Tierra del Fuego: “La manifestación más clara del calentamiento global es el desprendimiento de los glaciares. El glaciar Martial drena a través del arroyo Esperanza que termina en Bahía Encerrada, de ahí toma agua la ciudad de Ushuaia. Ahora hace mucho que no voy pero veo por fotos que el glaciar prácticamente ha desaparecido y se que su aporte al Esperanza es mucho menor. Va a haber escasez de agua. En Mendoza ya está pasando, este verano recorrí tres diques que ya casi no tenían agua”, adelanta Esteves. Mendoza y Tierra del Fuego son dos de las provincias donde más se invirtió (y perdió) en la extracción de combustibles fósiles de manera no tradicional. Son las dos que se están quedando sin agua. 

“La contaminación de hidrocarburos y el calentamiento global indudablemente van por caminos paralelos”, sentencia Esteves. No hay dudas de que la explotación de hidrocarburos y la sobre utilización del transporte -con su correspondiente quema de combustibles fósiles- para el innecesario transporte de alimentos que se realizan en la provincia están calentando nuestro planeta. Tierra del Fuego es una tierra que está haciendo arder nuestra tierra. Una tierra que los pueblos originarios cuidaron durante miles de años como bien recuerda Margarita Maldonado: “Como pueblo originario sentimos que la tierra fue avasallada en todos los sentidos, los estancieros permitieron a los petroleros que entren a explotar las tierras, tierras que fueron robadas a nuestro pueblo. Mataron a nuestro pueblo y regalaron la tierra a los estancieros. Y los estancieros y los petroleros, los mismos que ejecutaron un genocidio contra la comunidad Selk´nam, ahora ejecutan un genocidio ambiental”.