Compartir

El ministro de Ambiente que contamina

por Ricardo Serruya (Desde Santa Fe)
24 de noviembre de 2017

Una empresa íntimamente relacionada a Sergio Bergman fue denunciada por tirar residuos industriales, a través de un caño clandestino, a un arroyo en Entre Ríos. Otro ejemplo del Estado CEOcrático: un funcionario de los dos lados del mostrador.

A 164 kilómetros de la ciudad de Paraná, la capital de Entre Ríos, se encuentra Colonia Avigdor.  Es la última colonia de inmigrantes judíos creada por la Jewish Colonization Association, una organización filantrópica liderada por el Baron Hirsch. Como tantas de estas localidades fundadas en esa zona del país, Colonia Avigdor posee una historia de sufrimiento y trabajo: fue poblada por judíos alemanes que escapaban de los nazis y buscaban un lugar para poder vivir en paz.

Durante mucho tiempo este suelo fue el albergue de sueños que se conformaban en un presente de trabajo, pero las crisis económicas y sociales y fundamentalmente el cambio del paradigma que sufrió la producción agropecuaria –con el arrendamiento de tierras y la implementación de tecnología que modificó la idiosincrasia de la producción rural– fue transformando a esta colonia en un paraje despoblado y sin futuro.

En este lugar es donde aparece la figura del actual ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable, el rabino Sergio Bergman, que promovió una serie de proyectos culturales, turísticos y productivos que le fueron dando vida a la población.

Uno de esos emprendimientos fue crear un polo productivo lácteo: una buena idea si se tiene en cuenta que parte de la cuenca lechera del país se ubica en esta zona geográfica.

Si este artículo periodístico finalizara aquí se trataría de una historia feliz donde uno de los protagonistas, el actual ministro de Ambiente, tendría un rol importante y positivo.

Pero no es así.

Bergman es miembro fundador de R.A.I.C.E.S, una fundación cuya sigla significa Red de Acciones e Iniciativas Comunitarias para la Empresa Social. Además de ser uno de los fundadores, el ministro fue durante mucho tiempo su director ejecutivo.

Uno de los emprendimientos que lleva a cabo la Fundación es el de gerenciar y administrar una empresa láctea que funciona en Colonia Avigdor y que posee denuncias por contaminar el arroyo de esa localidad.

El reclamo se viene realizando desde hace tiempo y lo ha motorizado la ONG Más ríos, menos termas, que afirma que en la producción de quesos y con el subproducto que se genera –llamado lactosuero– se está comprometiendo el equilibrio ecológico del lugar y la salud de la población. ¿Por qué? Esa empresa arroja esa sustancia residual, sin tratamiento alguno, al único arroyo existente de la localidad.

La ONG Más ríos, menos termas denunció que el lactosuero que se vierte sin tratamiento compromete el equilibrio ecológico del lugar

Un hecho grave no solo si se lo piensa desde lo ambiental sino también desde lo social: ese lactosuero es una sustancia rica en nutrientes que otras empresas la usan para alimentar animales, y arrojada al aire, la tierra o el agua sin ningún tratamiento es altamente contaminante.

"Por las denuncias que se presentaron el emprendimiento ahora no está arrojando suero al arroyo, pero durante mucho tiempo sí lo hicieron”, le confirmó a Cítrica Elio Kohan, uno de los integrantes de la organización Más ríos, menos termas.  

Las denuncias a las que se refiere Kohan comenzaron en febrero de 2016 y tuvieron su basamento en las quejas de vecinos que vivían relativamente cerca del arroyo por el desagradable olor que debían soportar.  

Fue solo el comienzo de una historia que demostrará una falta de respeto al ambiente pero también una telaraña de incumplimientos legales.

Como suele pasar en localidades pequeñas donde “todos se conocen”, los vecinos fueron a dialogar con los representantes de la empresa, quienes afirmaron que todo estaba en regla, que poseían una cámara de tratamiento y que esos olores que sufrían serían solo temporarios. Decían que era por las altas temperaturas del lugar.

Pero todo era mentira.  

Así quedó demostrado cuando la entidad fue inspeccionada por organismos de control del municipio y de la provincia.

Ante el reclamo de vecinos, la empresa dijo que todo estaba en regla. Pero los mismos trabajadores lo desmintieron. Y luego de una inspección, quedó demostrado. 

Los trabajadores afirmaron que el suero no se trataba y que era arrojado al arroyo a través de un caño clandestino que nacía en la fábrica y finalizaba en el espejo de agua. Según algunos cálculos se sospecha que se tiraron aproximadamente mil litros de suero al arroyo. Lo que equivaldría a la contaminación que generan las cloacas de una ciudad de 500 habitantes.

La inspección detectó además que la empresa no cumplía con certificaciones ambientales ni normativas legales que exigen autoridades de aplicación comunal, provincial y hasta nacional, un área que paradójicamente dirige el ministro de Ambiente, fundador y directivo de la fundación madre que gerencia el emprendimiento contaminador.

El decreto 5.837 y la ley 6.260 de la Provincia de Entre Ríos exige a los establecimientos industriales una serie de cumplimientos para proteger el medio ambiente, además de reglamentar cómo tratar los efluentes industriales y exigir un certificado de funcionamiento y de radicación  

Fue la misma Secretaría de Ambiente provincial quien constató y denunció que el establecimiento de la Fundación R.A.I.C.E.S no cuenta con un estudio de impacto ambiental aprobado y que carece de certificado de funcionamiento y de radicación, trámites que efectuaron sólo después de la inspección y las denuncias presentadas.

La conclusión, entonces, es simple: un emprendimiento industrial que pertenece a una fundación que integra el ministro de Ambiente, contamina y no cumple con la ley.

Pero eso no es todo.

Ante el reclamo de vecinos y de la organización Mas ríos, menos termas, la respuesta fue la de siempre: “Si molesta, lo podemos cerrar la industria y generar desocupación”.  

El cinismo en una frase.  

Vuelven a poner el debate entre salud y trabajo, como si ambos reclamos fueran antagónicos.

Vecinos del lugar le relataron a este periodista que quienes están al frente del emprendimiento, además, presionaron a la Junta de Gobierno de Colonia Avigdor para que no dé curso a la denuncia, y fueron por más, cuando le alertaron a los funcionarios que ellos también podrían denunciar a la comuna por arrojar residuos cloacales contaminantes al mismo arroyo.

Quisieron ocultar todo, y acudieron a toda acción de fuerza. Mintieron diciendo que el suero se bombeaba a un tanque y luego se lo desviaba a chacras de la zona para consumo de animales. Una media verdad: solo llevaron a cabo esta acción luego de las denuncias y aún así lo que genera no alcanza para los emprendimientos porcinos del lugar.

Si fuera así: ¿a qué responden los olores que existen en las cercanías del arroyo? ¿Por qué los obreros del lugar reconocieron la existencia de un caño clandestino que vierte efluentes al canal de agua?

Como en tantas otras oportunidades quisieron matar al cartero. Dijeron que por estas denuncias el pueblo volvería a quedar en el olvido, que el ministro se encontraba enojado y dolido y que podía quitar el apoyo a los emprendimientos de la localidad. Hasta lograron que se levantara el programa radial que conducía Elio Kohan, centrado en temas ambientales de la provincia. Bergman, mientras tanto, continúa al frente de una cartera ministerial que le otorga vigencia a una vieja frase: “Haz lo que yo digo….Pero no lo que yo hago”.