Nilda Sindaco:“Quiero vivir de la actuación”

por Mariana Aquino
Fotos: Agustina Salinas
21 de abril de 2023

Nilda Sindaco, Betty de División Palermo, nos cuenta sus inicios en el teatro independiente, su paso por los talleres de varios neuropsiquiátricos y su llegada a la pantalla de Netflix. La salud mental y el arte como respuesta en el encierro. Entrevista en el Hospital Neuropsiquiátrico Braulio A. Moyano en Parque Patricios.

El ladrido del perro del pabellón ante la presencia de intrusos altera a alguna de ellas. Otras, indolentes, siguen en la suya. El perro ladra cada vez más, desesperado, como indignado de que no comprendan su advertencia, reclama atención. Los chicos de mantenimiento del Hospital Neuropsiquiátrico Braulio Moyano, los intrusos en el Pinel A, siguen con su tarea: arreglar un cable que parece en cortocircuito desde la mañana.

A Nilda, los ladridos del perro ahora le joden. También le jode la compañera que muestra insistentemente sus nuevas ojotas a la visita (nosotras): ‘¿Te gustan? Son rosas’, repite como un mantra. A Nilda le jode su compañera ahora, pero no dice nada. Baja la cabeza y espera el deseado sonido ambiente para seguir con su historia. Mientras espera, acaricia el paquete de puchos que tiene en la mano; lo mira, lo abre y se decide: agarra uno.

--¿Les molesta?, pregunta mientras señala el paquete. “No”, decimos. Lo prende, pita y mastica el humo que tarda en salir, con ese gesto de fumadora experimentada. “Desde los 16 fumo. Ahora dejé un poco porque tengo Epoc, pero no es fácil dejar”.

--¿Seguimos?, pregunta ella, imperativa. 

Empezamos. 

Nilda Sindaco es actriz desde chica, estudió en el conservatorio y subió al escenario independiente y cooperativo desde sus inicios: “Con el teatro siempre puse, nunca gané un mango”, confiesa. A Nilda la fama le llegó ahora, con "División Palermo”, la serie que dirige, produce y protagoniza Santiago Korovsky. Ella reconoce que solo vio 4 de los 8 capítulos porque le gusta actuar pero no verse en pantalla. Nilda no tiene redes sociales y se enteró de las buenas críticas gracias a sus compañerxs de elenco: 

“Como no tengo acceso a redes, no estoy enterada. Me lo cuenta mi sobrina, que está chocha con lo que ve, y me lo cuenta Santiago (korovsky). Me sorprendí mucho. Me hizo bien saber que mi trabajo gustó. Si la gente dice que estuve bien y divertida, yo le creo, pero no veo nada.”

"Yo empiezo a actuar y me olvido de todo"

--¿Sos muy exigente o no te gustan las cámaras?
--Para nada. En el documental Salir a Escena me enfrenté por primera vez a una cámara y estuve bien. Se enciende una cámara y me olvido de todo, me pongo en personaje. No me asusta la cámara ni estoy pendiente. A mí no me gusta verme, es cierto, me veo mal. Soy mi peor crítica. Cuando salí de la proyección privada que se hizo de la serie yo protestaba, y todos trataban de convencerme de que estuve bien y yo decía: ‘es un desastre’. Al día siguiente del estreno en Netflix me llegaron las opiniones sobre mi personaje y ahí me la empecé a creer un poco. Me gusta producir pero no verme. Actuar es lo que más me gusta.

 --¿Cómo fueron tus inicios en el teatro?
--Mi historia con el teatro es muy especial porque siempre puse plata, nunca gané un peso. En el conservatorio son muy exquisitos y nombrar la televisión es un pecado. No podías trabajar en televisión, era una mancha para una actriz de conservatorio. Así que hice otro recorrido. Desde que me fui del conservatorio, hice una asistencia de dirección y después de actriz en teatro. Hice muchas obras, siempre de forma cooperativa, que es la forma que generalmente funciona en el independiente. Hice teatro clásico, más moderno. Hay dos obras que dirigí: Juegos sin fin en el Teatro del Pueblo y ya en los 90 El Pirata, en Liberarte. 
El teatro es lindo, es donde la actriz se luce. Es emocionante entrar al teatro y ver-sentir al público. Yo empiezo a actuar y me olvido de todo. Lo que más me gusta es el teatro, pero ahora me gusta también la pantalla. Le tomé el gustito.
--¿A la pantalla o a la fama?
--La fama (risas).


--Sos una de las protagonistas del documental Salir a Escena, que si bien tiene varios años, se proyectó recientemente en la Legislatura porteña para concientizar sobre la salud mental y el rol del Estado respecto al cumplimiento de la ley. ¿Cómo fue trabajar nuevamente con Korovsky, ahora en División Palermo?
--Y a Santi le agradezco que haya creído en mí, desde el primer momento. No siempre se puede esperar mis tiempos y él los esperó. Hace tantos años que lo conozco, desde el viaje a Mar del Plata, donde fuimos con el grupo de teatro del Moyano. En División Palermo él pensó en mí para el personaje de Betty, pero ojo que yo tuve que hacer un casting, pasar pruebas, y quedé. Santiago pensó en mí, pero el personaje me lo gané yo.
Es más, discutimos porque cuando yo leí el libro me encantó, pero le decía: ´Me diste un personajito’. Y él se enojaba: ‘¿Cómo personajito? El tuyo es un personajón’. Y él tenía razón. Le hinché tanto las pelotas para que me diera más texto…. Mucho texto le metí yo, improvisaba.Yo soy de respetar la letra, pero como sentía que tenía poca, improvisaba…. Y ellos me dejaron. Es un gran equipo.
--¿Cómo fue el rodaje de División Palermo? ¿Cómo te llevabas con el elenco y todo el equipo?
 --Estupendo. Son todos maravillosos y la producción se portó muy bien conmigo. Una vuelta me torcí la rodilla e iba a grabar renga. Me llevaban en silla de rueda por el estudio y cuando tenía que actuar me paraba y hacía lo mío.

"No hay contención del Estado para las personas con problemas de salud mental"

 --¿Cómo fue participar de los talleres de teatro del Borda y del Moyano, tener el reconocimiento de tantas personas y hasta haber protagonizado el documental Salir a Escena?

-- Maravilloso, viví momentos hermosos, pero ya no participo de ninguno. Le tengo fobia a hacer teatro en los hospitales. Porque yo hice teatro toda mi vida, desde chica, estudié en la Escuela Nacional de Artes Dramáticos, hice siempre teatro independiente, siempre sin penas ni gloria, y lo que hice nunca trascendió. Es difícil hacerlo desde el teatro independiente. Después entré al Borda, y ahí me enganché en el grupo de teatro, pero ya está. Yo siempre hice teatro. Me gusta actuar. Hacer humor, drama, y cualquier cosa que surja. A mi me gusta actuar. Pase a ser el genio del loquero pero ya no me interesa hacer teatro acá.
En el Borda hay poca gente en el servicio de mujeres, en esa época éramos 5, y es un servicio de lujo. Los médicos son de lo mejor. Estar internada me ayudó. Por eso volví, pero llega un momento en el que no aguanto, me quiero ir. Ayuda estar acá, es lo que dice el documental. El problema es cuando estás afuera.

-- Contanos de tu relación con los neuropsiquiátricos…
-- En el Borda estuve un año y después estuve 10 años afuera. Pasaron cosas y volví a caer. Me tuve que internar acá en el Moyano, donde estuve tres años, hice teatro con el grupo en Mar del Plata y tantas cosas. Después me fui, estuve 10 años externada y volví a caer. Salí hace dos años, hice la serie lo más bien y me agarró EPOC después de la serie. Me deprimí mucho, y al deprimirme tanto, sentí que tenía que internarme de nuevo. Y acá estoy. Y no es fácil mantener una carrera así porque estando acá perdí oportunidades de trabajo. Por ejemplo, me llamaron para participar en una película, pero no pude ir por temas de salud y no me volvieron a llamar. 
No me quejo eh, porque acá tenemos buena atención. Esto no es como ustedes piensan. No es la idea que se tiene de los neuropsiquiátricos. Yo sé que se piensa que nos tratan mal, que estamos todo el día dopadas. No es así. O será que siempre estuve en servicios piolas. Cuando estuve internada en el hospital de noche, podía salir todo el día. Me iba a vender rosarios a la plaza Dorrego, vendía por las mesas. La pasaba bien. Imaginate que le vendía a los turistas a 150 pesos un rosario que me salía un peso con veinte centavos. Aprovechaba que a ellos les parecía barato. Después me cansé y no quise vender más. Es linda la calle. Estoy bien acá ahora, pero ya sé que dentro de poco me tengo que ir. 
-- La crisis habitacional es un tema importante para las personas que están en un neuropsiquiátrico. ¿Son muchas las que se quedan acá porque no tienen dónde ir?
--Sin dudas. Me pasa un poco a mí. Acá quiero estar porque estar afuera es difícil. Es un poco cuestión de plata. Es muy difícil alquilar, mantenerse. Estoy acá por mi voluntad, es una internación voluntaria, pero no puede ser para siempre, ni tampoco quiero. Esto no es una casa, es un loquero.. 
Casi todas terminamos volviendo al neuropsiquiátrico y eso no está bien, deberíamos poder tener una casa, empezar de nuevo, una vida en armonía, sería parte de la recuperación, pero es imposible.  La mayoría de las que están acá, están porque no tienen a dónde ir a vivir. Porque el alquiler es caro, porque no tienen familia, o porque no es fácil que la sociedad te dé una oportunidad después de estar internada. Hay mucha estigmatización con la locura y los problemas de salud mental.

-- Si tuvieras que pedir un deseo, no importa qué tan imposible resulta… ¿cuál sería?
-- Me gustaría poder alquilar un departamento, vivir sola y tranquila, pero es difícil. No hay contención del Estado para las personas con problemas de salud mental. Y lo que más quiero en la vida es vivir de la actuación. 

-- ¿Cómo recibe la sociedad a una persona que pasó por un neuropsiquiátrico?
-- Yo generalmente no digo que estuve internada, y como a mi no se me nota tanto pasó desapercibida. Creo que no hay que decirlo. A veces lo digo y la gente me contesta: ‘Debe ser terrible estar ahí adentro’. Tienen una idea errónea. No es tan terrible. Entiendo igual porque a mi cuando entré por primera vez al Borda me pareció terrible, después ya me adapté. 
¿Y qué más? Pregunten, hablen ustedes. Al final yo estoy contando todo y ustedes no me dicen nada. Cuánta historia, ¡Vieron!
Nilda sonríe de costado, como afirmando que sí, tremenda historia trae a cuestas. Sonríe, y nosotras sonreímos también.

“Ahora sí podemos hacer unas fotos. Pero no me las muestren, eh. Sacame la foto y listo. Yo no quiero ver”. Y ahí vamos caminando por ese oasis arbolado dentro de una ciudad cada vez más en furia. En el parque del Neuropsiquiatrico Moyano, donde muchas están porque no les queda otra, porque no tiene adónde ir, porque el afuera es áspero, caro y cruel, le sacamos unas fotos a Nilda Sindaco. Unas fotos que no quiere ver.