Patagonia en llamas: el fuego ya no duerme y el bosque andino entra en zona crítica
por Revista Cítrica16 de febrero de 2026
Incendios más intensos, noches sin humedad y pinos fuera de control: el biólogo Javier Grosfeld alerta sobre el nuevo mapa del fuego en la cordillera.
El fuego ya no es el mismo. Ya no baja la intensidad cuando cae el sol. Ya no respeta los ritmos que durante siglos moldearon el bosque andino patagónico. Ahora avanza de noche, corre kilómetros en pocas horas y se alimenta de un paisaje que también cambió. Y mucho.
“Estamos empezando a ver comportamientos del fuego que no se veían antes”, advierte el biólogo y botánico Javier Grosfeld, especialista en arquitectura de plantas y gestión de recursos naturales, con décadas de trabajo en la región. La frase no suena a exageración. Suena a diagnóstico.
Una isla biogeográfica rodeada de desierto y mar
“El bosque andino patagónico es una rareza planetaria. Una isla biogeográfica. La mayoría de sus especies son endémicas: solo crecen allí”, entre Neuquén y Tierra del Fuego, a ambos lados de la cordillera.
Rodeado por el océano y por la estepa, “ese sistema evolucionó más cerca --biológicamente-- de Australia y Nueva Zelanda que del Chaco o Misiones. La lenga en altura, el coihue en zonas húmedas, el ciprés hacia la estepa: cada especie ocupa su lugar según sus necesidades fisiológicas”.
“El fuego no es un intruso en ese paisaje. Es parte de su historia”. Hay registros de incendios desde el año 800, detectados en sedimentos y anillos de crecimiento. Rayos, erupciones volcánicas, floraciones masivas de caña colihue: el bosque se modeló también a partir de esas perturbaciones.
Pero algo cambió.
Del fuego previsible al fuego extremo
“Hasta hace una década”, explica Grosfeld, “los incendios seguían un patrón relativamente estable: mayor actividad durante el día, descenso por la noche gracias a la recuperación de humedad”.
“Desde el incendio de Cholila en 2015, el comportamiento se volvió extremo. Avances nocturnos, velocidades inusuales”, frentes imposibles de combatir.
En El Bolsón, los registros meteorológicos muestran un salto abrupto: de una semana anual con condiciones de “factor 30” (más de 30° de temperatura, menos de 30% de humedad y más de 30 km/h de viento) se pasó a más de veinte días. “La temporada de incendios se extendió más de un mes”.
El fuego ya no descansa.
El pino no es el único culpable
En cada incendio aparece el mismo señalamiento: el pino. Y sí, las forestaciones exóticas y su regeneración espontánea multiplican el combustible, degradan ambientes y compiten con especies nativas como el ciprés.
Pero reducir el problema al pino, dice el especialista, “simplifica una trama mucho más compleja”.
Las políticas de forestación del siglo XX --impulsadas bajo paradigmas productivos europeos-- “promovieron plantaciones sin una mirada ecológica del territorio. Muchas crecieron sin manejo. Otras quedaron como verdaderas bombas de tiempo en laderas imposibles de explotar”.
“A eso se suma la expansión urbana en zonas de interfase: más casas en el bosque, más jardines con especies inflamables, más infraestructura atravesando corredores forestales. Más igniciones posibles”.
Y además está “la caña colihue, que florece cada 60 años y deja enormes cargas de material seco”. En incendios recientes, incluso en áreas sin pinos, el comportamiento fue extremo por esa acumulación.
Es multicausal. Clima, combustible, ordenamiento territorial, historia productiva, expansión inmobiliaria, invasiones biológicas.
El piroceno y la ventana que se achica
Algunos científicos llaman a esta era el “piroceno”: una etapa en la que el fuego se vuelve fuerza dominante del paisaje.
En la Comarca Andina, los incendios de los últimos años arrasaron miles de hectáreas. “Si el proceso continúa”, advierte Grosfeld, “podrían quedar bosques relictuales rodeados de matorrales dominados por exóticas”.
Existe una ventana de acción. Dos o tres años para intervenir sobre regeneraciones jóvenes de pino antes de que se consoliden. Después, los costos y la complejidad se disparan.
“El combate”, insiste, “no puede pensarse solo en verano. El combustible es la vegetación. La prevención requiere manejo todo el año”: banquinas invadidas, forestaciones sin control, interfases desordenadas.
Escala patagónica. Desafío logístico. Financiamiento. Decisiones políticas.
Qué paisaje queremos
La pregunta de fondo no es solo cómo apagar incendios. Es qué paisaje quiere la Patagonia y qué lugar ocupan sus habitantes dentro de él.
El bosque andino patagónico nació entre glaciares y fuego. Pero el fuego que hoy lo atraviesa no responde solo a esa historia natural. Responde también a decisiones humanas acumuladas durante décadas.
Y a un clima que ya no es el mismo.
¿Por qué está en llamas otra vez la Patagonia?
Hace dos semanas comenzó a arder la zona del lago Steffen y El Manso en la comarca andina y el fuego sigue siendo una amenaza. Quienes resisten en el territorio reclaman falta de recursos, prevención y abandono del Estado. ¿Qué hay detrás de todo esto? ¿Cómo se prende fuego otra vez el Sur?
La reconstrucción de la Comarca Andina
Después de los incendios que arrasaron en marzo con unas 500 viviendas, tres vidas humanas y miles de hectáreas de bosques, en la nueva etapa hay trabajo comunitario y solidaridad popular para llenar los vacíos del Estado. Historias, miradas y esperanzas que nacen entre las cenizas.
Argentina: el país que romperá el Acuerdo de París
Las petroleras aseguran en sus institucionales su compromiso para remediar la crisis climática. Sin embargo, están dispuestas a sacar de Vaca Muerta 50.000 millones de toneladas de CO2 a través del fracking.
