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La lucha que ganó el Garrahan

por Mariano Pagnucco
Fotos: Rodrigo Ruiz
07 de diciembre de 2025

Fueron largos meses de paros, movilizaciones y actividades públicas para visibilizar la emergencia del centro pediátrico emblema de la Argentina. A pesar de las difamaciones presidenciales, profesionales de la salud, pacientes y familias lograron un triunfo social memorable.

El reloj en la pantalla de A24 marcaba las 19:27 cuando la nutricionista Norma Lezana le dio a Eduardo Feinmann un consejo inolvidable.

–Te recomiendo que hagas terapia. Hacé terapia, es bueno. Es un espacio donde vos podés hablar sobre estas cosas y podés sacar conclusiones que te pueden servir, porque sabés que no se puede ser feliz de esta manera como estás. Comunicáselo a tu cara porque se te ve mal, te lo digo como trabajadora de la salud.

Lezana sonriente y Feinmann sobresaltado y disfónico entregaron el 4 de noviembre de 2025 una escena televisiva que probablemente sintetice cualquier debate sobre la importancia de la salud pública. Quince minutos de aire (con sucesivas agresiones verbales del vocero Feinmann) bastaron para dimensionar el conflicto abierto entre el Gobierno de Javier Milei y el Hospital Garrahan en el segundo año de mandato liberal. Y para medir el impacto de la conquista de lxs trabajadorxs, que lograron un aumento sobre el salario básico del 61 por ciento después de seis meses de aprietes, difamaciones y voceros mediáticos que se encargaron de desprestigiar al centro pediátrico emblema de la Argentina y de Latinoamérica.

Lezana, que es secretaria general de la Asociación de Profesionales y Técnicos del Garrahan, dijo también ante la indignación del conductor: “Triunfamos los trabajadores, los representantes de los trabajadores que somos profesionales que nos ponemos al frente de una lucha esté quien sea en el Gobierno. No le tenemos miedo a nadie. Eso te molesta a vos”.

 

Dime quién gobierna...
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Juan Pedro Garrahan, médico investigador y divulgador destacado de la Pediatría argentina, es quien le dio nombre al hospital inaugurado el 25 de agosto de 1987. Un proyecto postergado durante varias décadas que finalmente se inauguró en la Presidencia de Raúl Alfonsín. Desde sus inicios hasta nuestros días, los fondos necesarios para su funcionamiento provienen del Estado Nacional (80 por ciento) y de la administración porteña, hoy Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (20 por ciento).

Los conflictos salariales y la discusión sobre las condiciones de funcionamiento del Garrahan siempre estuvieron presentes. En agosto de 2005, en medio de un reclamo con paros, el delegado gremial de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) en la Junta interna del hospital, Gustavo Lerer, decía: “Queremos un salario equiparable a la canasta básica. Pero el Gobierno no privilegia el salario ni la salud de los trabajadores y, en cambio, otorga subsidios a las empresas privatizadas, mantiene el superávit fiscal alto para pagar la deuda externa o pagarles altos sueldos a sus funcionarios. Aparte, acá funcionamos por asamblea, con democracia de los trabajadores, y eso es un buen ejemplo que al Gobierno no le gusta”. El Gobierno en cuestión era el de Néstor Kirchner.

Con Mauricio Macri en la Presidencia, nuestro compañero Horacio Dall'Oglio contó en mayo de 2019 la historia de Thiago Ruiz, un pibe de 13 años atendido por un tumor que tomó la palabra en una asamblea de trabajadores y trabajadoras y dijo: “Quería saludarles porque me emocionó mucho estar con ustedes. Yo soy paraguayo pero le tengo un respeto gigante a la Argentina, y especialmente al Garrahan, que por más que sea de otro país me aceptaron; muchos países me dijeron ‘no’, pero Argentina es grande y me dijo ‘sí’. Y quiero agradecer a todos; los doctores, los enfermeros que me están ayudando, y de esto se sale sí o sí”.

Las asambleas siguieron cuando Alberto Fernández tomó el mando del país y tuvo que apoyarse en la salud pública para enfrentar la pandemia de COVID-19. En julio de 2021, en la previa a la octava jornada de paro, el delegado paritario de ATE Josmar Flores Arnéz explicaba: “Los trabajadores del Hospital Garrahan venimos de una serie de rebajas salariales desde antes de la pandemia. El año pasado perdimos más de un 20 por ciento de poder adquisitivo. (…) El reclamo salarial está ligado íntimamente a la defensa de la salud pública, porque lo que sucede es que muchos profesionales, al estar mal pagados en los hospitales públicos, eligen irse al sector privado, donde ganan casi el doble por la misma carga horaria. Nosotros tenemos sueldos muy bajos, por eso los profesionales se van del hospital, y estamos hablando del hospital pediátrico más importante de Latinoamérica”.

La motosierra de Milei sobre la estructura de la salud pública afectó directamente al Garrahan, pero la estrategia política fue, además, atacar públicamente al emblema pediátrico nacional.

 

Corazón delator
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Mario Iván Lugones (1947) asumió como ministro de Salud de la Nación el 27 de septiembre de 2024, en reemplazo de Mario Russo. Este cardiólogo formado en la universidad pública (UBA) y padre de Rodrigo Lugones, socio directo de Santiago Caputo (uno de los vértices del “triángulo de hierro” de la Casa Rosada junto al Presidente y su hermana, Karina Milei), asumió la tarea de acelerar a fondo en el achicamiento de las prestaciones estatales: en un año de gestión desfinanció al Garrahan y al Hospital Laura Bonaparte (salud mental), desmanteló el Instituto Nacional del Cáncer y recortó las prestaciones a las personas con discapacidad. 

Su curriculum de 12 meses al frente de la cartera sanitaria incluye escándalos judiciales como la investigación por el fentanilo contaminado, la mayor tragedia de muertes por medicamentos (al menos 173 casos confirmados) de la historia argentina. Y también está en la mira por el pago de coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis), el recordado “3 por ciento para Karina” al que aludió en mensajes de audios quien fuera su titular, Diego Spagnuolo.

Con relación al Hospital Garrahan, entre sus primeras medidas (octubre 2024) Lugones ordenó la renuncia del Consejo de Administración del centro pediátrico por otorgar un bono a lxs trabajadorxs haciendo uso de sus funciones en la distribución de los fondos propios. Esa decisión arbitraria lo llevó a ser investigado por la Justicia federal a partir de una denuncia de Elisa Carrió por “abuso de autoridad y violación de deberes de funcionario público”.

En julio de este año, Lugones designó a Mariano Pirozzo al frente de la Dirección Médica Ejecutiva. “Sólida experiencia en gestión hospitalaria”, se leía entre sus antecedentes profesionales que omitían el trasfondo político: Pirozzo fue antes el interventor de los hospitales Sommer y Bonaparte, donde ejecutó el desguace pedido por el Gobierno liberal. “Ni pediatra, ni formado en la universidad pública, ni conocedor de la gestión en salud”, decribió Norma Lezana a Pirozzo en una asamblea sindical reciente, donde exigieron una doble renuncia: “El mejor aporte que pueden hacer Lugones y Pirozzo es dar un paso al costado”.

La relación del cardiólogo Lugones con su propio corazón es difícil de descifrar. El 25 de junio pasado, en medio de una de las tantas movilizaciones de profesionales y familias en defensa del Garrahan, el ministro recibió un mensaje de Raúl Vásquez, un familiar cercano, que decía:

Yo aquí, queriendo entenderte. Pensé y pienso mucho. Estoy por publicar esta historia que te quiero compartir, absolutamente real. Acá voy:

Somos los papás de Ignacio Vásquez (Nacho, para todo el Garrahan). En 1988 nuestro tercer hijo tuvo un accidente y en la recuperación resultó infectado de VIH, tenía 2 años. Vivimos sin saberlo hasta que a sus 6 años, en 1993, tuvo una varicela que no se le iba y nuestro pediatra nos recomendó ir al Garrahan. Ahí tuvimos el TREMENDO diagnóstico y comenzó una nueva vida para nosotros. Y nuestro largo camino allí. Estábamos 20 días en el hospital, salíamos dos semanas y teníamos que volver a internarnos. Así fueron esos 12 años en los que se sucedieron innumerables situaciones. Aprendimos a vivir con la enfermedad como familia y saber valorar lo IMPORTANTE de la VIDA y el AMOR.

Raúl es el hermano de María Marta Vásquez, la esposa de César Lugones, hermano menor de Mario. María Marta y César fueron secuestrados en su departamento de Parque Chacabuco el 14 de mayo de 1976 y todavía están desaparecidos. Los Vásquez y los Lugones están unidos por las secuelas de la dictadura a la que reivindica un sector del Gobierno del que Mario Lugones hoy forma parte.

La anécdota, contada por Gabriela Vulcano en la crónica “La sangre de Lugones” que publicó Revista Anfibia, cierra con la respuesta del ministro ajustador a su familiar:

Me acuerdo muy bien de todo lo que escribís. Y coincido con que el personal del Garrahan es de primera, por su entrega, su amor a la profesión, y su afán de superación!!! Abrazo muy pero muy grande.

 

Información para digerir la ensalada liberal
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Si bien la guerra declarada por La Libertad Avanza contra el Garrahan inició en 2024, este año escaló y se convirtió en uno de los frentes en los que el Gobierno quiso imponer su retórica manipuladora.

La entonces viceministra de Lugones, Cecilia Loccisano, tiró en su cuenta de X el 29 de mayo: “El Garrahan tiene 953 empleados administrativos y solo 478 médicos de planta. Lo insólito: el presupuesto destinado a sueldos administrativos supera al que se destina a todo el cuerpo médico. (…) No es un problema de plata. Es un problema de cómo se gasta. La medicina no puede sostener una estructura donde la burocracia pesa más que la salud de los chicos”. 

Manuel Adorni siguió esa línea discursiva en su conferencia de prensa del día (“hay dos empleados administrativos por cada médico”) y el Presidente de la Nación mezcló pasta con verdura en su propia ensalada verbal (“¿usted está de acuerdo que haya ñoquis que le filtren los recursos a gente que trabaja, o sea, empleados administrativos dibujados por el kirchnerismo, que son los que le quitan los recursos al hospital?”).

La respuesta de lxs trabajadorxs fue veloz y contundente. Difundieron el “Anuario 2024” elaborado por el Departamento de Estadística del hospital. Del total de 4728 agentes de planta, 3190 pertenecían al nivel Asistencial (68 por ciento), 957 a Logística (20 por ciento) y 581 a Conducción (12 por ciento).

El informe de 79 páginas, con un grado de transparencia envidiable, arroja luz sobre el impacto del Garrahan en la salud pública nacional. En 2024 se atendieron 633.293 consultas (407.704 externas, 148.232 entrevistas con médico orientador y 77.357 emergencias), con un promedio diario de 1657 consultas y 211 emergencias.

En todo el año pasado el Garrahan practicó 9.999 cirugías, entre ellas 479 trasplantes hepáticos y 156 de médula ósea. También realizó 2.348.071 determinaciones de Laboratorio, 181.838 prestaciones de Imágenes y aplicó 20.619 anestesias. Hubo 34.475 sesiones en el hospital de día, egresaron 25.691 pacientes, fallecieron 210 y nacieron 16. 

La información sobre atención médica en los consultorios externos ofrece igualmente un nivel de detalle estadístico contundente: 407.704 pacientes entre recién nacidos y mayores de 20 años, de los cuales el 49,25 por ciento provino del conurbano bonaerense, el 22,21 por ciento del resto de la Provincia de Buenos Aires, el 12,64 por ciento de la CABA, el 15,43 por ciento de otras provincias y el 0,46 por ciento de otros países.

Las provincias con más infancias internadas fueron Buenos Aires (17.903; 80,59%), Entre Ríos (516; 2,32%) y Corrientes (432; 1,94%). En los consultorios externos, la incidencia principal es de Buenos Aires (291.372; 82,24%), Entre Ríos (8350; 2,36%), Santiago del Estero (5315; 1,50%) y Corrientes (5143; 1,45%).

Los datos demográficos que proporciona el Garrahan son una fuente valiosa de información para cruzar las estadísticas sobre enfermedades con el mapa del modelo productivo (la incidencia de las fumigaciones en los territorios rurales, por ejemplo). En síntesis, del Anuario 2024 se desprende una intuición gastronómica: si hay ñoquis en el hospital, serán para alimentar tantos cuerpos en movimiento que cuidan la salud y salvan vidas.

 

Gracias, gracias, gracias
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Asambleas, cabildos abiertos, abrazos simbólicos, bicicleteadas, caminatas, vigilias con velas, reuniones políticas, conferencias de prensa, visitas a escuelas, marchas unificadas con otros sectores (jubiladxs, movimiento feminista, estudiantes, sindicatos, personas con discapacidad), entrevistas con medios de comunicación (y también de incomunicación)... no hubo actividad pública en los últimos 12 meses donde no apareciera el legítimo reclamo de lxs trabajadorxs del Garrahan. Y también de las familias de lxs pacientes, que sienten al personal del hospital como una extensión del propio núcleo familiar.

Daniela, mamá de Bianca (en tratamiento oncológico), expresaba en una de las jornadas de visibilización: “Hace 11 años que voy al hospital y hace mucho tiempo que el hospital está luchando. Este año se hizo más fuerte la lucha. El Garrahan es familia y la familia se defiende. Nadie sabe lo que es tener un chico con cáncer, salir corriendpor que tu hijo se desmaya en casa. Tengo millones de hospitales cerca de mi casa, pero me vengo al Garrahan porque es mi familia. Yo lo siento así. Todas las madres lo sentimos así”.

En las sucesivas coberturas de Cítrica sobre el conflicto, los mensajes en redes sociales se multiplicaron con testimonios personales que abrazaban a su manera una lucha que se fue nacionalizando con los meses:

*Flo Marin (Facebook): “Fui paciente en el Hospital Garrahan, desde los 9 hasta los 21 años que luego me derivaron a un hospital de adultos. La atención, vocación y amor con el que atienden a los niños es increíble. Profesionales de excelencia. Todo mi apoyo al Garrrahan”.

*alejandra.laurencich (Instagram): “Gracias por haber salvado a mi familia de lo que pudo haber sido un futuro aterrador. Fuerza Garrahan. Aplausos a todos los médicos y médicas y el personal. Seguimos y acompañamos su lucha. Da vergüenza el trato a que los someten, da vergüenza que les paguen sueldos miserables. Necesitamos que ustedes sigan creciendo y el hospital siga salvando VIDAS”.

*Cl Au Venialgo (FB): “Más de 70 internaciones tuvo mi hijo en el Garrahan, le construyeron el corazón, le salvaron de una endocarditis fulminante, le colocaron marcapasos cuando se bloqueó su corazón. Esto no es de ahora, cuando Macri era jefe de gobierno de capital comenzó este desastre. Milei vino a hundir del todo, peor que el Titanic...”.

*Euge Laplace (IG): “Mi hija es paciente del Hospital Garrahan desde 2011... eternamente agradecida de cómo la atienden, desde lo profesional, lo afectivo, la contención a ella y nosotros. Es primordial cuidar al personal de la salud (como la educación). No puedo creer que pase esto en un Hospital de PRIMERA (en todo su sentido), y PÚBLICO. Ojalá que se pueda solucionar esto. Mi apoyo incondicional”.

*Patricia Ramos (FB): “En el Garrahan salvaron a mi hijo cuando tenía 5 años. Dieron con el diagnóstico: histiosistosis ósea teniendo obra social!! No daban con lo que tenía mi hijo!! Hoy ya tiene 21 años!! Gracias por todo!!”.

 

Ser Garrahan
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Guiado por vaya a saber uno qué focus group opuesto a los testimonios que nuestro equipo periodístico pudo recoger en la calle y en las redes sociales, el Gobierno de Milei, Adorni, Lugones y compañía insistió con su “batalla cultural” contra el Garrahan. Una vez sancionada por ambas cámaras del Congreso la Ley de Emergencia Pediátrica (22 de agosto) para atender la urgencia del reclamo, el Presidente vetó la norma con un decreto (10 de septiembre). La comunidad del Garrahan, no obstante, siguió en las calles levantando sus banderas y redoblando los esfuerzos para que la sociedad acompañara la lucha.

Bruno (4 años) tiene una neurofibromatosis tipo 1. En la clínica privada donde lo atendían le recomendaron a su familia “rezar” para curar un tumor que crecía. En el Garrahan, en cambio, le ofrecieron diversos tratamientos posibles. Hoy está recibiendo quimioterapia y lleva una vida normal. 

Johana Tricarico, su mamá, dice por mensaje de audio: “En junio fui a la marcha de Ni Una Menos, que se había juntado con la del Garrahan, y noté que los padres estábamos solos, sueltos, y si había represión o algo no había quién nos cuide. Así que se me ocurrió hacer un WhatsApp en el cual nos podamos juntar y organizarnos para reunirnos en las marchas”. En ese grupo, una mamá sugirió hacer una campaña de fotos, otra se ofreció a manejar las redes sociales y con toda esa energía en movimiento nació la comunidad Soy Garrahan. En menos de seis meses sumaron casi 400 familiares comprometidos con la causa.

Johana explica: “Luchamos por la salud pública, pediátrica y general, codo a codo. Hay mamás que todavía no nos conocemos personalmente porque están en otras provincias, pero que trabajan incansablemente para defender este hospital y todos los hospitales pediátricos del país”.

A la edad de 3 años, la niña Celeste no lograba recuperarse de una supuesta gastroenterocolitis y la médica de la obra social le sugirió a la familia que fueran al Garrahan porque no daba con el tratamiento adecuado. El diagnóstico fue meningitis viral, “un caso de ateneo”, cuenta Graciela Del Valle, su mamá. 

Hoy Celeste tiene 20 años y ninguna secuela. Si bien están “de alta”, el vínculo con el hospital no se cortó: “Le salvaron la vida a mi hija y y mi devolución para con ellos es inmensa”. Como Graciela ya no tiene la urgencia de las mamás en internación, su rol en Soy Garrahan es articular y dar visibilidad a tantas historias familiares que confluyen en los pasillos y las salas del hospital. 

Algunas mamás de Soy Garrahan (izq. a der.): Noemí Vera, Graciela Del Valle, Johana Tricarico y Paula Camago.

Algunas mamás de Soy Garrahan (izq. a der.): Noemí Vera, Graciela Del Valle, Johana Tricarico y Paula Camago.

Lo que lograron es una enorme red federal de familias que hace difusión, organiza colectas para los casos graves y, principalmente, pone el hombro para quienes deben atravesar una situación por la que pasaron antes otras familias. Con esa red social viva también acompañaron la lucha de lxs trabajadorxs del Garrahan, que a comienzos de noviembre supieron, una vez caído el veto presidencial, que el hospital iba a recibir una nueva partida de dinero para atender las urgencias salariales.

La buena noticia que Eduardo Feinmann no pudo tolerar en su propio programa. La escena televisiva que va a quedar inmortalizada para la posteridad como ejemplo de la organización sindical y de la defensa de la salud pública en tiempos de un Gobierno al que no le interesaba cuidar ni salvar vidas.

“Triunfamos los trabajadores”, dijo sonriente Norma Lezana en el estudio televisivo. El Garrahan (y toda la Argentina) había ganado una batalla muy dura.