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¿Dónde está el gas de Vaca Muerta?

por Nelson Santacruz
Fotos: Juan Pablo Barrientos
04 de agosto de 2026

Un país con gas que se prepara para exportar mientras las familias enfrentan un invierno cada vez más caro. La falta de acceso al gas natural, las tarifas descontroladas, el interés estatal para exportar sin mirar primero a las y los argentinos se ve atravesado por la falta de obras públicas, de gasoductos que lleguen a los sectores que más lo necesitan.

El invierno llegó con frío intenso y con una pregunta que vuelve a repetirse: ¿por qué un país que produce gas en cantidades suficientes vuelve a tener problemas para abastecer su mercado interno? En julio, un hogar promedio del AMBA destinó cada vez más dinero a los servicios públicos, mientras el sistema gasífero enfrenta picos de demanda, infraestructura insuficiente y nuevas discusiones sobre subsidios.


“Básicamente hay dos problemas. El primero es que no hay gasoductos suficientes. Argentina tiene una producción de gas superavitaria: sobra gas, pero no se lo puede transportar”, explica Rubén Ruiz, secretario general de la Asociación del Personal Jerárquico de la Industria del Gas Natural (APJ Gas).

El dato tarifario también muestra el cambio. Según el Observatorio de Tarifas y Subsidios del IIEP-UBA-CONICET, en junio de 2025 la factura de gas natural acumulaba un aumento del 1.482% desde diciembre de 2023, mientras que la canasta total de servicios públicos del AMBA había subido 561% frente a un aumento del 150% del nivel general de precios.

En julio de 2026, el IIEP registró además un aumento mensual del 4,6% en la canasta de servicios públicos y señaló que representa el 15% de un salario promedio de un trabajador del AMBA. La presión aumenta justamente cuando más gas se necesita: el consumo residencial crece durante el invierno y las facturas incorporan tanto la actualización tarifaria como la estacionalidad.

Este año el frío no da demasiadas treguas. El Servicio Meteorológico Nacional informó a comienzos de julio el ingreso de una masa de aire antártico que provocó temperaturas muy bajas en buena parte del país: en Patagonia y Cuyo las mínimas podían llegar hasta -12 °C y descender incluso por debajo de los -20 °C en sectores de la meseta patagónica. En el centro del país se esperan mínimas de hasta -8 °C.

Para Ruiz, el problema no es que Argentina haya dejado de producir gas, sino que no tiene capacidad suficiente para llevarlo hasta donde se necesita. “Ocurrió por ejemplo con la reversión del Gasoducto Norte, una obra que estaba muy avanzada y que habría permitido transportar cuatro millones de metros cúbicos diarios adicionales desde Córdoba hacia el norte del país. Esa obra se frenó porque Enarsa recibió la orden de no efectuar los pagos correspondientes y la empresa contratista, BTU S.A., abandonó los obradores. Como consecuencia, el proyecto quedó inconcluso”.

También quedó paralizado, según el dirigente, el segundo tramo del Gasoducto Presidente Néstor Kirchner y una planta compresora en Las Armas, cerca de Mar del Plata, que tenía alrededor de un 80% de ejecución. “Mientras no se amplíe la infraestructura gasífera, el problema persistirá”, advirtió.

EL GAS QUE NOS FALTA ES EL QUE SACAN DEL PAÍS

A la discusión por las obras se suma otra decisión que Ruiz considera central: el cambio en la forma de comprar Gas Natural Licuado (GNL) importado. Según su explicación, el Gobierno desplazó a Enarsa de esa operatoria y la dejó en manos privadas, mientras que el aumento internacional de los precios asociado a la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán encareció todavía más el abastecimiento. Para el dirigente, la combinación de falta de infraestructura y decisiones tardías termina trasladando costos a los usuarios.

El Gobierno resolvió distribuir parte de ese costo en seis cuotas. Así, una parte de lo que antes se concentraba en las facturas de invierno pasará a pagarse durante todo el año. Para Ruiz esto implica un cambio importante: “Históricamente los usuarios de gas pagaban más durante el invierno y menos en verano, pero ahora van a afrontar un costo adicional durante todo el año, ya que ese gasto se reflejará en las facturas”

El problema también se extiende a las industrias. Ruiz advierte que en Córdoba, Santa Fe y buena parte del norte del país hay empresas que cuestionan el precio del GNL importado porque habían contratado previamente su suministro a valores menores. Algunas ya paralizaron su producción y, según el dirigente, si la situación se prolonga podría haber suspensiones y eventualmente despidos.

La tensión llega mientras el Gobierno avanza en una estrategia que pone el foco en la exportación. “Hoy la prioridad oficial parece estar puesta en la exportación. Se está construyendo un gasoducto hasta Punta Colorada, en Río Negro, para exportar gas y permitir que buques extranjeros lo licúen fuera del territorio argentino”. 

Desde APJ Gas no cuestionan que Argentina exporte sus excedentes. El planteo es otro: “Respecto de la exportación, nadie discute que, si Argentina tiene excedentes y existe demanda internacional, deba exportar gas. El problema es el orden de las prioridades. Primero hay que garantizar el abastecimiento de los 46 millones de argentinos y recién después pensar en maximizar las exportaciones”. 

¿Y qué pasa con las familias que no tienen acceso a la red de gas natural? Es el caso de los barrios populares que sobreviven a garrafas. Básicamente el precio no tiene control, de un mes al otro aumenta. De 18 mil pesos a 22 mil entre mayo y junio en la Villa 21-24 de Barracas, por ejemplo. Y en julio ya se pagan unos 30 mil los envases más usados de 10 kilos. En solo dos meses hubo un incremento de 66%. 

Ruiz dice: “Además, cuando se habla del gas por redes muchas veces se deja de lado a millones de personas que utilizan garrafas. Hay alrededor de nueve millones de usuarios conectados a la red de gas natural, pero también millones de argentinos que dependen de garrafas, cuyo costo es considerablemente mayor”. El nuevo esquema de subsidios para garrafas contempla actualmente un reintegro de $9.593 por garrafa para hogares que cumplen los requisitos del Régimen de Subsidios Energéticos Focalizados, con hasta dos garrafas mensuales durante el invierno.

En paralelo, el Gobierno logró en mayo la media sanción en Diputados de una reforma al régimen de Zonas Frías que reduce el alcance geográfico del beneficio. El proyecto pasó al Senado y, de aprobarse, implicaría un cambio para millones de usuarios que hoy cuentan con descuentos en sus facturas de gas.

En este escenario, Ruiz reclama discutir el problema energético como una cuestión social y no solamente sectorial. “Por eso creemos que hace falta una estrategia común. Desde nuestro sindicato estamos convocando a asociaciones de usuarios y organizaciones sociales para construir una respuesta conjunta frente a esta situación”. Y deja una definición que resume buena parte del conflicto: “No podemos naturalizar que la gente pase frío en un país donde sobra. En la Argentina de Vaca Muerta, no debería faltar el gas”.