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¿A quién le importa el Niño en las villas?

por Nelson Santacruz
23 de octubre de 2026

La Fundación Tejido Urbano y el Centro para la Investigación Sociourbana advierten que las inundaciones pueden profundizar las condiciones de vulnerabilidad de los barrios populares. Con más de cuatro mil barrios expuestos en todo el país, el desafío es transformar los pronósticos en medidas concretas de prevención, asistencia y protección para las familias.

El fenómeno de El Niño llegará a su punto de mayor intensidad y pone en alerta a los territorios más expuestos a las inundaciones. Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el episodio podría alcanzar una intensidad muy fuerte hacia fines de 2026 y persistir hasta febrero de 2027. El organismo dice que hay mayor riesgo de fenómenos meteorológicos extremos. Pero la amenaza climática no afecta a todos por igual. En las villas y los barrios populares, donde faltan servicios básicos y muchas viviendas presentan problemas estructurales, una tormenta puede convertirse en un riesgo para la vida.

Así lo analiza Matías Araujo, investigador de la Fundación Tejido Urbano, que viene estudiando las condiciones de vulnerabilidad socio urbana y la exposición de estos territorios al riesgo hídrico. También, un relevamiento del Centro para la Integración Socio Urbana (CISUR), demostró que el 62% de los barrios populares registrados en el ReNaBaP se encuentra expuesto al riesgo de inundación. Son 4.041 barrios sobre un total de 6.467, donde viven aproximadamente 4,2 millones de personas. En la provincia de Buenos Aires hay 1.328 barrios en riesgo, con más de 2,1 millones de personas expuestas.

“Entonces, entendiendo este conjunto, lo primero que hicimos es, por ejemplo, un índice de vulnerabilidad nacional comparable”, explica Araujo sobre el trabajo de Tejido Urbano. Y agrega: “Y ahí lo que nos da es que todas las condiciones del conurbano han empeorado, por ejemplo, su vulnerabilidad”.

El diagnóstico del CISUR ayuda a entender por qué. En los barrios populares, el 92% no cuenta con acceso formal al agua, el 97% carece de conexión formal a la red cloacal y el 66% no tiene conexión eléctrica formal. A esto se suma que el 71% no cuenta con calles asfaltadas y el 57% no tiene veredas. La falta de desagües pluviales, la acumulación de residuos y los microbasurales son agravantes con las lluvias intensas.

Una casa con paredes precarias, techos provisorios o pisos de tierra no enfrenta una tormenta en las mismas condiciones que una vivienda con infraestructura adecuada. Araujo, de Tejido Urbano, explicó que el análisis del riesgo requiere observar tanto la amenaza climática como las condiciones de la población expuesta y la capacidad de respuesta del Estado. “Explicamos el fenómeno desde una gestión de los riesgos, es decir, cómo se maneja este riesgo. Así entendemos cómo es la amenaza, en qué parte, qué población queda  más expuesta, etc. Luego sigue identificar la vulnerabilidad de esos barrios y, después, cuál es la capacidad que tiene el Estado para responder frente a este evento”.

Sobre las características climáticas que pueden agravar el escenario, Araujo contó que se espera un aumento de las precipitaciones: “Va a haber mayor cantidad de lluvia, con más probabilidad de tormentas y eventos concentrados, es decir, mucha agua en menos tiempo”.

El fenómeno de El Niño ya muestra sus efectos en distintos puntos del país. En Paso de los Libres, Corrientes, también hubo evacuaciones por el avance del agua. Además, las lluvias intensas provocaron anegamientos y dejaron caminos rurales intransitables en zonas de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y San Luis. “Tenemos crecidas que ya están afectando ahora mismo a la zona del Río de la Plata y el río Paraná, y la población de Concordia está en vilo con la crecida del río Uruguay, por ejemplo. Y a esto tienen que sumarle las alteraciones del suelo, que hacen que el agua se acumule más fácilmente”.

 

La precariedad ya existente como factor de riesgo

Las consecuencias pueden ser todavía más graves para quienes tienen dificultades para desplazarse o necesitan asistencia. Un estudio de Tejido Urbano señaló que el 27% de las personas con Certificado Único de Discapacidad (CUD) vive en hogares con hacinamiento y que el 7,8% atraviesa situaciones de hacinamiento crítico. Además, el 6,9% reside en viviendas sin infraestructura básica.

Araujo apuntó que la prevención debe contemplar especialmente a estos grupos: “Primero el nivel de discapacidad, el segundo es el de adultos mayores y el tercero es el de familias con niños y niñas”. Señaló también riesgos asociados a las instalaciones eléctricas precarias y las viviendas ubicadas en zonas bajas. “Si se genera algún cortocircuito o hay algún tipo de cable desprotegido tenemos alto riesgo eléctrico, lo cual es clave poder anticipar en contextos de muchas precipitaciones y vientos”.

En barrios como los del sur de la Ciudad de Buenos Aires, donde el acceso al agua segura sigue siendo una deuda estructural, las inundaciones también pueden agravar los problemas sanitarios. Más aún en las viviendas a orillas del Riachuelo. El agua acumulada puede entrar en contacto con residuos, desbordes cloacales y pozos contaminados, aún más potenciado por las precipitaciones de El Niño. De hecho, el Movimiento de Villas de CABA denuncia que no se desratiza hace tres años, desfinanciaron a todas las cuadrillas de recolección y limpieza de los pasillo de las villas, hay obras abandonadas donde se generan pozos, los cables y los postes de luz están cada vez más deteriorados y los sistemas pluviales son negligentes.

Para Araujo, la preparación no puede limitarse a responder cuando el agua ya ingresó a las casas. “El Estado tiene que avisar cuál va a ser su trabajo, cuál va a ser el punto de encuentro, qué hacer a las poblaciones de estos barrios”, sostiene. Y plantea la necesidad de que las alertas lleguen efectivamente a las villas.

La Fundación Tejido Urbano elaboró mapas de riesgo e índices de vulnerabilidad territorial para identificar las zonas que se inundan con mayor frecuencia y analizar cómo cambiaron sus condiciones en los últimos años. Araujo explicó: “Hay zonas en las que ya sabemos qué ocurre cada vez que llueve y, al mismo tiempo, vemos que la vulnerabilidad creció. Por eso, elaboramos un índice de vulnerabilidad nacional comparable”.

Sobre los resultados de este índice, señaló que las condiciones del conurbano bonaerense empeoraron y que la población está cada vez más expuesta. “Esto no solo tiene que ver con el empobrecimiento de los hogares y la pérdida de capacidad económica, sino que existe un ciclo de desastre: algo que se repite constantemente”.

Kits, alertas y protocolos para los barrios

En la provincia de Buenos Aires, el Organismo Provincial de Integración Social y Urbana (OPISU) informó distintas acciones de asistencia y prevención frente al riesgo de inundaciones. Entre ellas, la entrega de 3.000 kits de ropa de cama y 1.000 colchones, además de alimentos y tareas de mantenimiento de redes pluviales, zanjas y pozos ciegos. Son medidas concretas, aunque la escala del problema exige sostener y ampliar la capacidad de respuesta. No alcanza.

En la Ciudad de Buenos Aires, el Gobierno anunció un plan preventivo frente a El Niño que contempla el monitoreo de 177 puntos de riesgo. La información oficial también incluye recomendaciones ante tormentas, como cortar el suministro eléctrico si ingresa agua y alejarse de postes que puedan caer. Sin embargo, el plan publicado no detalla una entrega específica de kits de emergencia para las familias más vulnerables. No alcanza.

A esto se suma la necesidad de explicar cómo actuar cuando el agua entra a una vivienda, cuándo cortar la electricidad sin exponerse a una descarga, cómo evitar el contacto con cables y postes, y dónde acudir si las calles quedan anegadas. La limpieza de desagües, la recolección de residuos y la intervención en microbasurales también son parte de la prevención, pero no reemplazan las obras de infraestructura que los barrios necesitan. Para eso puntualmente, ya estamos tarde.

“Tenemos conciencia de que es inevitable que se inunde, el tema es cómo nosotros, con qué mensaje y política pública, actuaremos en el momento y qué tan vulnerable es la población en ese momento”, sostiene Araujo al referirse a los riesgos en estos barrios.

La advertencia está planteada. Ahora, el desafío es que los pronósticos se traduzcan en decisiones antes de que llegue el pico más alto de El Niño. Para las villas y los barrios populares, prepararse significa mucho más que recibir una alerta: implica conocer los riesgos de cada territorio, contar con herramientas para actuar y garantizar que el Estado llegue antes que el agua dentro de los hogares de estas familias.