El Indio que nos forjó una identidad
Gracias Indio. Gracias por la comunidad. Gracias por hacernos pertenecer. Gracias por darnos de beber, a todos y todas, una copa de lo mejor.
Acá hablan personas. Las que dicen haber estado en sus míticos shows del under con payasos y stripers, las que comieron los buñuelos de ricota que repartía El Doce, las que escucharon los monológos de Enrique Symms, las que flashearon cuando Tom Lupo, Lalo Mir y La Negra Vernaci, le dieron play a Mariposa Pontiac y Superlógico en Radio del Plata, las que los descubrieron más tarde en la Rock and Pop o en FM HIT, las que fueron a verlos a los sótanos y discotecas, las que grabaron los temas de la radio en un casette para escucharlos todo el día en el walkman, las que entraron a la adolescencia el día que escucharon la voz carrasposa del Indio, las que crecieron y sufrieron los 90 y encontraron un alivio en sus letras, las que entraron omnibuladas por las historias de sus recitales que les contaron sus hermanos, hermanas, primos, primas, amigos, amigas mayores, las que oyeron de las misas y quisieron ser parte, las que ese sonido les explotó la cabeza, las que fueron cautivadas por la poesía, las que vieron en las letras el desafío al orden establecido, las que llegaron después de la separación pero igual encontraron abiertas las puertas de la comunidad ricotera. Acá no hablan nombres. Hablan personas. A las que el Indio cambió para siempre. Porque les ofreció a cada una de ellas una copa de lo mejor.
“Los Redondos nos forjaron una identidad que solo es propia de la Argentina.Y es saber que pertenecés a una comunidad. A la comunidad ricotera, la comunidad organizada. El Indio me abrió un universo. Es mi primer referencia política, estética, artística, poética.
“El indio es cultura, historia, es lo más grande que hay. Aparte, escuchás un tema de él y vivís toda tu infancia”.
“Se me murió mi papá. Estoy enterrando a mi viejo por segunda vez. Porque cuando se fue mi viejo, yo tenía las misas para hacer amigos nuevos, para hablar de la vida, para ver... Se me fue mi viejo de nuevo, loco. Se nos están muriendo los buenos. ¿Qué nos está pasando? ¿Qué mierda nos está pasando que no nos ayudamos ni nos damos cuenta de que está todo mal? Se fue un indio repopular, se fue el viejo de todos.
“Murió el inventor de un idioma, un lenguaje en código poético. Un profeta que creó una lengua para reconocernos nosotros, los excluidos. Un millón de personas lo despidieron, en paz, como hermanos, como hablantes del mismo idioma. La calle comprende su lenguaje, su poesía es el habla de los sueños más iluminados de cada laburante. Por eso es genio, por eso es único, porque se fue el inventor de una lengua, y eso no es sopa”.
“El Indio es una inspiración real, concreta, que me marcó a fuego. Estoy acá, existo gracias a las letras de Los Redondos, gracias al compromiso de esa obra. Esta es la despedida de un baluarte de nuestra cultura, un baluarte espiritual, un baluarte de la creatividad y de la profundidad más hermosa que siempre pensó y aspiró a lo mejor para su pueblo”.
“Estoy llorando. Soy pintor. El viernes, cuando me enteré, estaba llorando y se me pegaba el polvo de la lija en los ojos. Y yo en un momento dije: ¿Por qué estoy llorando tanto? Estoy llorando tanto porque nos estamos quedando solos. No tenemos esa voz de peso. No tenemos faro. Lloro por eso. Porque estamos solos”.
Nos estamos quedando solos.
— Revista Cítrica (@revistacitrica) June 8, 2026
Se fue el Indio que nos forjó una identidad. pic.twitter.com/7BGUA2OyTW
“Cuando me enteré de la noticia, se me nubló el alma un rato, y al toque puse ‘La hija del fletero’ a todo volúmen, para que todo mi pasillo, toda la villa, lo volviera a escuchar. Una vez más, la última, dije. Me vi adolescente con un MP3 reproduciendo “Jijiji” incontables veces, me vi con ganas de tatuarme “PR” a los catorce y me vi deshecho en las más profundas tristezas tarareando: ‘Seré heraldo de buenas noticias, solo si te quedás un rato más. Los espíritus soplan si quieren y vos que recién te enterás… tarde otra vez, mi amor’.
“La primera vez que escuché un tema de Los Redondos fue a los 14 años. Hoy escucho un tema y siguen pasandome cosas distintas. Me dicen lo que necesito escuchar para distintas épocas y etapas de mi vida”.
“Los Redondos y el Indio son aquello que seguimos trayendo al presente una y otra vez. Lo que se recuerda con intensidad nunca se va del todo. Rabia y combate. Lucha y resistencia. Honestidad y genuidad. Siempre así. Un rock para los dientes apretados. Un rock para contagiar coraje cuando escasea. Son la certeza de contar con canciones que siguen peleando junto a nosotros, con los puños en alto, deseando al final hacer la revolución con una canción de amor. En la resistencia está todo el hidalgo valor de la vida. En este día, y cada día”.
“El Indio es una pasión. Me acompañó durante 30 años. Yendolo a ver, conocí al amor de mi vida. Estoy eternamente agradecido al Indio. Sin él, no sería lo que soy”
“Los Redondos crearon magia en mi infancia. Las historias de mi papá cuándo los iba a ver estaban llenas de peripecias y desgracias que terminaban en risas. Quizá solo me contaba las más felices. El Indio Solari es el brillo en los ojos de mi papá, que con mucho orgullo me pintaba con canciones su pasado, queriéndome mostrar quién era”
“A Los Redondos no los vi nunca en vivo. No me dejaban, no me animaba, nadie me llevó, no sé. No los vi en vivo, pero esa banda fue testigo de mi vivo. Los Redondos son adolescencia, resistencia, descubrimiento, primeras veces: el primer porro, la primera plaza un 24 de marzo y es esa idea porfiada de dedicar mis días a la autogestión; a hacerla por las mías, con los míos, para siempre. El Indio es ‘el lujo es vulgaridad’ que los pibes de la esquina grafittearon para siempre en un muro de mi barrio. El Indio también es mi primer novio sacando medio cuerpo por la ventana de un Renault 12 con amigos, al grito de 'Caída libre para dos', y otro rompiéndome el corazón con frases grandilocuentes de Los Redondos. El Indio es mi mejor amigo de la secundaria dibujando sistemáticamente cada imagen de Rocambole en las clases que le aburrían. Los maravillosos 2000.
El Indio también es presente. Hace poco, por arte de magia (pagana), le mencioné Los Redondos a Lucía, mi hija de 5 años, y sonrió: ‘Redonditos de Ricota. ¿De ricota?’, dijo, y me conquistó. Sonaba en la radio ‘Un ángel para tu soledad’. No es de mis temas favoritos, pero lo canté a los gritos pelados, para verle los ojitos achinados y pícaros por el espejo retrovisor. Lo canté como invitándola a un ritual, para contarle un poco de ellos, y de mí, para compartir algo que fue, es y también será, para invitarle una copa, de la mejor”.