El desmantelamiento del Hospital Bonaparte
A partir del brutal recorte presupuestario y el cierre de programas clave, Leonardo Camacho -delegado de ATE en el Hospital Nacional de Salud Mental Laura Bonaparte- describe la crítica realidad que atraviesa la institución y advierte sobre el impacto del vaciamiento en plena emergencia de salud mental.
Sufrimos un recorte de aproximadamente el 44 por ciento del presupuesto en comparación con 2023. Esa pérdida de recursos arrastró todo lo demás: entre el 50 por ciento y el 60 por ciento del personal dedicado al área asistencial ya no está. Perdimos el 60 por ciento de nuestros psiquiatras, el 80 por ciento de los médicos clínicos, el 70 por ciento de odontólogos y farmacéuticos, y casi un 80 por ciento de los profesionales del área de docencia y formación que articulaban con las provincias. En un área tan sensible, como la atención a niños, niñas y adolescentes, la reducción de profesionales alcanzó el 60 por ciento.
Tras el intento de cierre en octubre de 2024, siguieron las olas de despidos en enero de 2025 y, con ellas, una seguidilla de renuncias inevitables. La inestabilidad laboral y las paritarias congeladas obligaron a muchos compañeros y compañeras a buscar otros horizontes. Es así como perdimos a la mayoría de nuestras referencias médicas.
El impacto sobre los servicios comunitarios ha sido devastador. El cierre del abordaje territorial fue un golpe durísimo: eran trailers que salían de manera continua a los barrios populares a brindar atención primaria, tanto en salud mental como en medicina general y entrega de métodos anticonceptivos. Hoy, esos trailers están oxidándose al aire libre.
A esto se suma el cierre de la Residencia Interdisciplinaria en Salud Mental (RISaM). Ya sólo queda una camada de residentes y, al no haberse abierto nuevos cupos, el año que viene la residencia se cierra definitivamente. Es un golpe tremendo para la institución y para la salud pública general, porque se priva a futuros profesionales de formarse en el ámbito público, empujándolos al sector privado.
Todo este vaciamiento ocurre en medio de una crisis epidemiológica y social crítica. La tasa de suicidios ha trepado de manera exponencial en los últimos años, convirtiéndose en la principal causa de muerte violenta en la Argentina y superando a los accidentes de tránsito. El suicidio no se explica únicamente por la falta de atención médica —responde a múltiples variables como la imposibilidad de proyectar un plan de vida, la precariedad laboral, lo económico y lo familiar—, pero cuando una persona logra identificar su sufrimiento y busca ayuda, los dispositivos públicos dependientes del Ministerio de Salud de la Nación se encuentran desmantelados y diezmados.
Hoy el Hospital Bonaparte se sostiene únicamente gracias al esfuerzo de los trabajadores y trabajadoras que aún permanecemos en el lugar, garantizando la atención como podemos y sin un proyecto institucional que nos respalde. Lo hacemos con la convicción y la esperanza de que este proceso se va a revertir, y con la certeza de que aprenderemos de esta experiencia para reconstruir la institución cuando vuelva a ser posible.