Desarmar la estafa del endeudamiento

21 de agosto de 2026
Revista Cítrica

Cuando el salario no alcanza para lo básico, la deuda deja de ser una elección para convertirse en supervivencia. Crónica y testimonios de una jornada donde sindicatos, organizaciones sociales y colectivos transfeministas llevaron el reclamo contra la usura financiera al Ministerio de Economía.

Comprar la comida en cuotas. Financiar los remedios. Tarjetear el alquiler. Llegar a fin de mes ya no es una meta: es una acrobacia diaria que se sostiene a fuerza de pluriempleo y deuda.

En la Marcha de lxs Endeudadxs que se realizó hoy en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, organizaciones sociales, sindicatos y colectivos transfeministas salieron a la calle a decir basta. Porque cuando el sueldo no cubre las necesidades básicas, el endeudamiento deja de ser una elección individual para convertirse en un mecanismo de supervivencia obligada. Un engranaje de la crueldad que borra el tiempo libre, ahoga la salud mental y busca aislar el tejido comunitario.

La trampa cotidiana: pedalear para no caer

Detrás de cada tarjeta refinanciada y de cada crédito pedido a tasas usureras no hay irresponsabilidad: hay historias de trabajadores y trabajadoras que hacen milagros para gambetear el vaciamiento cotidiano.

"Yo me endeudé para comer y para sustentar mi casa. Para vivir el día a día. Trabajo todos los días, tengo muchos trabajos a la vez y tampoco alcanza", sintetiza con crudeza una joven trabajadora en medio de la movilización. "En un trabajo estoy dos horas, en otro tres o cuatro... Salgo a la mañana y vuelvo a la noche. ¿Qué me parece esta situación? Que es una mierda, es no poder vivir".

El pluriempleo ya no frena el abismo; solo lo patea unos días más adelante a costa de salud y vida personal.

Financiar la supervivencia: la usura como política de Estado
 

Frente a las puertas del Ministerio de Economía, la movilización dejó en claro que la deuda de las familias es el reverso perfecto del negocio de unos pocos. El ajuste no cae del cielo: se deposita sobre los platos vacíos de las familias trabajadoras.

Clarisa Gambera, secretaria de Género y Diversidad de ATE Nación, le puso números y contenido al reclamo: "Esta es una marcha por el endeudamiento de los hogares, de las familias, de lxs trabajadorxs. Nos endeudamos para pagar alimentos, para cubrir medicamentos de nuestrxs adultxs mayores o para pagar el alquiler. Nos achicamos en todo —comida, descanso, cultura— pero todo lo que falta se termina tapando con deuda. Hay un sector financiero que se llena de plata con intereses usurarios. Exigimos medidas que le pongan límite a la usura, suspender el pago de deudas y un salario de $3.000.000 para sostener la vida".

Por su parte, la socióloga e investigadora Lucía Cavallero remarcó la necesidad urgente de pasar de la culpa individual al diagnóstico político: "Asistimos a una política de estafa generalizada: la gente se endeuda para pagar servicios básicos o prestaciones que el Estado dejó de cubrir. Tasas del 100% u usureras impiden salir del pozo. Romper con el aislamiento y encontrarse en la calle en asambleas y rondas de endeudadas es el camino para transformar esta angustia en una lucha común contra la estafa financiera".

Poner el cuerpo: el territorio donde la deuda duele y se organiza
 

En los barrios populares, allí donde las deudas formales e informales acorralan a lxs vecinxs y las redes comunitarias hacen de última trinchera, las mujeres y liderazgos territoriales siguen estando en la primera línea.

"La deuda no es privada ni individual: es consecuencia directa de las políticas de ajuste de este Gobierno", denunció Norma Morales, secretaria adjunta de la UTEP y dirigente de Barrios de Pie. "No nos endeudamos por capricho ni para irnos de vacaciones; nos endeudamos para comer, alquilar y comprar los remedios de nuestros hijos. Como mujeres, siempre estamos en la primera línea para sostener la vida en los barrios. Si la deuda de nuestro pueblo es política y social, la política se tiene que hacer cargo".

Organizarse y poner el cuerpo en la calle es el primer paso para transformar la angustia en lucha colectiva. Frente al mandato del aislamiento y el ahogo financiero, la respuesta sigue estando en encontrarse, tejer redes y sostener la vida comunitariamente.